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Ceremonia de Bienvenida, escrito por Maryanne Conheim, voluntaria de Barefoot Artists (2011)

El día de la ceremonia de bienvenida, como la mayoría de los días en Ruanda Occidental, incluso durante la temporada de lluvias, amaneció despejado y luminoso. Lily Yeh y yo nos pusimos nuestra mejor ropa antes de subirnos al range roverque nos llevaría de la hostería de Mama Chakula en Gisenyi al Poblado cercano de Sobrevivientes del Genocidio de Rugerero.

En cuanto tomamos el camino de tierra del poblado, los niños y adultos comenzaron a correr junto al vehículo: “¡Había llegado Mama Lily!”. La noticia corrió rápido en todo el poblado: nos rodearon y abrazaron cálidamente mientras bajábamos y nos dirigíamos hacia el salón reservado para reuniones oficiales del poblado.

Esta, sin embargo, no era una reunión común. Varios oficiales del distrito nos esperaban, incluido el comandante de las fuerzas armadas de Ruanda Occidental. Prácticamente todo el poblado había venido a saludar a “Mamá Lily” en su octava visita. En medio de un alegre desborde de amor y brazos extendidos, nos dirigimos a la mesa reservada para los dignatarios, que estaba decorada con un mantel blanco y floreros con flores rosas. Los habitantes del poblado se sentaron en bancos dispuestos en semicírculos, o en el piso.

Desde la tarima podíamos ver no solo la multitud llena de adoración sino también las omnipresentes montañas en terrazas de Ruanda.

El funcionario ruandés de la Cruz Roja Jean Bosco Rukirande, cuyo elocuente discurso en una conferencia de Barcelona hacía ocho años había inspirado a Lily a hacer su arduo viaje de 40 horas desde Filadelfia a Rugerero, tomó el micrófono y dio las primeras palabras de bienvenida. Le agradeció a Lily una vez más por traer invitados a ser testigos de lo logrado desde su primera visita al poblado –invitados que harían su propio y singular aporte y después ayudarían a llevar el mensaje de esperanza y renacimiento de Rugerero al mundo exterior.

“Cuando las personas vienen de tan lejos para ayudar a la gente de Ruanda”, dijo Jean Bosco, “los ruandeses aprenden de ellos a cómo ayudarse entre ellos. La gente de este poblado ha aprendido a resolver sus propios problemas. Como les dirán, ahora les va tan bien que son capaces de ayudar a otros. En este momento, están construyendo un nuevo hogar para los discapacitados”.

Un anciano del poblado con camisa roja, llamado Moses fue quien habló a continuación. “Mamá Lily”, dijo, “le agradecemos por traer enfermeras y doctores de la Universidad Thomas Jefferson, quienes nos enseñaron sobre higiene y nutrición, pero la sanación más importante tuvo lugar antes de ello, cuando nos ayudó a construir nuestro monumento en conmemoración del genocidio.

Continuó explicando, “después del genocidio, los cuerpos de nuestros seres queridos estaban tirados por todos lados. La gente (sobreviviente) estaba traumatizada. Aún hoy, cuando las personas ven los huesos de sus familiares, quedan traumatizadas, pero cuando ven que sus restos han sido enterrados con honor, finalmente pueden estar en paz. Si uno no entierra a sus familiares, el dolor continúa. El mejor modo para detener el sufrimiento es enterrar y hacer duelo por los muertos”.

El monumento en conmemoración del genocidio fue construido en consulta con los pobladores. Cuando Lily llegó al poblado por primera vez, los habitantes tenían tanto temor y estaban tan deprimidos que muchos ni siquiera podían dejar sus casas o hablar entre ellos. Lily comenzó dictando talleres en donde los pobladores eran invitados a dibujar aquello que les dolía poner en palabras, y a imaginar, un monumento para conmemorar a sus seres queridos que habían fallecido en el genocidio de 1994. Los talleres les permitieron de a poco volver a comunicarse y a confiar entre ellos, y el monumento, una edificación blanca simple pero hermosa con escalones que conducen a la “bóveda” y a una pared cubierta de mosaicos con flores, se encuentra en un parque cercado hermosamente cuidado y atendido por los sobrevivientes. La parte superior de la pared principal contiene una palabra, “Twibuke (Recuerda)”.

Es en gran medida un monumento vivo, ya que todavía se están encontrando restos de las víctimas Tutsi de Rugerero, en lo profundo de viejos pozos, en los cauces de los ríos, y enterrados en terrenos de los campesinos. Cuando se los encuentra, se los lleva a la bóveda con gran solemnidad. Justo una semana antes de que llegáramos a Rugerero el pasado abril, el poblado había realizado una ceremonia por nuevas víctimas encontradas. La bóveda ahora contiene los restos de alrededor de 500 pobladores Tutsi asesinados.

Moses continuó, “Este monumento en conmemoración del genocidio está sanando a los sobrevivientes.

Mama Lily vino a nuestro poblado en honor de los Tutsis que han muerto, y los quedaron huérfanos. Vino a ayudarnos a todos. Nos dio oportunidades para aprender tantas coss: habilidades, idioma, salud, nutrición…;  es tanto que una sola persona no puede nombrarlo todo. ¡Gracias, Mama Lily!”!

Ahora los hombres y mujeres hacían fila para dar testimonio y representar los beneficios que Lily había traído al poblado:

Joseph: “Estábamos en la oscuridad. Los ancianos no tenían cómo comprar gas o electricidad. ¡Ahora tenemos energía solar! Los niños pueden leer, y las personas pueden trabajar de noche. Los niños pueden hacer su tarea, y por eso tienen un buen rendimiento en la escuela. ¡Gracias, Mama Lily!”

Eugenie: “Las ancianas del poblado estaban solas, Mama Lily nos envió una maestra para enseñarnos a tejer cestas. Ahora hacemos cestas y ganamos dinero. Podemos comprar alimentos, y jabón, y muchas más cosas. ¡Gracias, Mama Lily!”

Angie: “Estábamos solos, como niños que quedan fuera de la escuela por falta de cupo. Entonces Mama Lily encontró una maestra que nos enseñara costura. Ahora somos hábiles y podemos coser ropa. Podemos comprar carne, ¡al igual que los millonarios! ¡Gracias, Mama Lily!”

 

Chantal: “Estoy con mucho trabajo haciendo cestas. Estas cestas me dan dinero. ¡Ahora incluso tengo teléfono! Mis hijos están más sanos y con buena higiene. Ahora soy hábil. Tengo un microcrédito y hago negocios. Mis hijos ya no pasan hambre. Están progresando. ¡Gracias, Mama Lily!”

 

Valerie: “Mama Lily es como un hombre, ¡hace tantas cosas buenas! Nos trajo máquinas de coser. Ahora muchas jóvenes pueden coser y ganar dinero. Mama Lily nos ayudó a obtener tanques para juntar agua para el poblado. La gente de alrededor viene a tomar nuestra agua limpia. Ven, ahora podemos ayudar a otros. ¡Gracias, Mama Lily!”

Immaculata: “Íbamos al monte para hacer nuestras necesidades. Ahora tenemos letrinas. ¡Gracias Mama Lily! (Lily me susurra que los Ingenieros sin Fronteras construyeron letrinas con ventilación).

Valerie: “Lily nos dio cabras. Si tenemos problemas, vendemos una cabra macho, tenemos dinero, ¡y solucionamos el problema! ¡Gracias, Mama Lily!”

Celeste: (es una mujer elegante, bien vestida y peinada. Si la encontráramos en los Estados Unidos, creeríamos que es una ejecutiva bancaria, y seguramente estaríamos en lo cierto). “Vienen a vernos de todas partes”, dice. “Dicen, veo que estás bien vestida, ¡sos hermosa! Sí, les dijo, estoy bien vestida y sé cómo vestirme”.

Celeste continua: “Mama Lily nos contó que en Asia establecieron microcréditos y que funcionan muy bien, porque ¡las MUJERES siempre devuelven el dinero! (risas). Yo empecé con un microcrédito, y este microcrédito ¡se convirtió en un banco! Empezamos con un millón de RWF (aproximadamente US$2.000) el primer año. Mama Lily nos dio otro millón de RWF al año siguiente. Nuestro jefe de policía Hubert contribuyó con 10.000 RWF. El año pasado, Eric Reynolds, un estadounidense contribuyó con otro millón. ¡Ahora tenemos más de tres millones! Con los intereses, compramos una vaca, y ahora podemos vender un ternero a RWF 50.000. Soy presidente del comité de microcréditos. ¡Hasta el momento hemos otorgado préstamos a 61 personas! Antes, vivía en una casa pequeña y con goteras. Ahora me estoy construyendo una nueva casa”.

Para concluir, Celeste declara, “ruego para que Mama Lily vaya directamente al cielo, sin morir”.

Mientras Celeste está hablando, un grupo de baile se prepara a un costado. En cuanto se sienta, el grupo de baile Amarisa entra cantando y bailando, acompañados por tambores y silbatos de policía. El baile es animado y contagioso, mis pies se mueven al ritmo. Mi traductor me susurra que la canción “¡es sobre la vaca!” La leche de vaca es muy preciada en Ruanda, y ahora, gracias a Mama Lily, los niños del Poblado de Sobrevivientes de Rugerero tienen leche de vaca para beber.

El corazón de la ceremonia de bienvenida es el derramamiento simbólico de leche, un rito solemne nuevamente acuñado para esta ocasión.

“Durante muchos años”, dice el jefe del Distrito de Rugerero, “Mama Lily vino a Rugerero y nos trajo muchos regalos. Lamentamos que hasta ahora no hayamos podido darle a ella algo a cambio. ¡Ahora tenemos vacas! Con nuestros mejores deseos, queremos invitar a Lily a dar leche a nuestros niños”.

Nunca había sido testigo de un sacramento más santo: dos diosas envueltas en saris se deslizaron en el círculo con una bandeja en donde traían una vasija tallada en madera con leche. Dos niños, un varón y una mujer, se sentaron en una alfombra de paja sobre la tarima. A cada uno se le entregó un jarro de arcilla. Nos indicaron a Lily y a mí, que habíamos bajado de la tarima para sumarnos al canto final de los bailarines a echar leche en los jarros de los niños. Cuando los niños vaciaron sus jarros, Lily bebió de la jarra y me la pasó. La leche era espesa y rica, como suero de manteca fresca. Con bigotes de leche, nos inclinamos frente a un caluroso aplauso.

Pero había más. El jefe de Rugerero declaró, “Durante muchos años, Mama Lily, no tuvimos nada que darle salvo nuestra gratitud y buenos deseos, ¡pero este año sí tenemos!”. Las dos diosas envueltas en saris se alejaron y volvieron con un callado adornado con cuentas, digno de un jefe del poblado. Las cuentas brillaban amarillas azules y verdes, los colores de la bandera de Ruanda.

Lily tomó el micrófono y habló desde el corazón. “Les di un regalo pequeño, pero Uds. ¡me dieron un gran regalo!”- dijo. “Les deseo más prosperidad y más alegría. Ayúdense, ayuden a otras personas, ¡y harán a Mama Lily muy, muy feliz!”

En ese preciso momento, y debido a que estábamos en la temporada de lluvias, las nubes se abrieron y comenzó a llover, inundando rápidamente todo. Las lluvias no duran más que una hora antes de que vuelva a salir el sol. A los dignatarios se los condujo al salón del poblado y a los niños se los envió a casa. Nos refugiamos de la tormenta en un salón de cortinas doradas pintado con el azul de la bandera de Ruanda. Una vez más, nos sentábamos a la mesa, y las diosas envueltas en saris volvieron con bandejas de Coca-Cola, Fanta, botellas de agua, y pasteles triangulares rellenos con carne. Esta deliciosa comida fue pasando hasta que todos se sirvieron. Los testimonios y discursos continuaron hasta que paró la lluvia. Todo el poblado, antes enfermo y mal alimentado, finalmente tenía alimentos y agua potable para compartir. ¡Gracias, Mama Lily!

El trabajo de Mama Lily en este poblado ha finalizado, pero ella ya está pensando en el siguiente poblado. Mañana iremos a trabajar en un poblado Twa , a pocos kilómetros de camino, pero esa es otra historia.

Los Twa, antiguamente conocidos como pigmeos, eran los nativos de la selva tropical centroafricana. Estas selvas han sido desmontadas para desarrollo agrícola y mineral, y los Twa actualmente son personas desplazadas en su propio país.  Antiguamente eran cazadores, ahora deben aprender nuevas habilidades para sobrevivir. Nuestra misión es completar el trabajo en un centro de arte Twa en donde puedan fabricar y exhibir sus artesanías. Son excelentes alfareros. Yo dictaré un taller de cerámica y de diseño de joyas, para darles nuevos productos para vender. Lily, con ayuda de los pobladores, decorará el centro de arte con mosaicos y murales llamativos. Un equipo de enfermeras/os de Florida tratarán a todo el poblado contra la malaria y los gusanos, y repartirán mosquiteros. El año pasado Lily adquirió el terreno para el centro de arte, unas hectáreas de tierra para cultivo de alimento, y un rebaño de cabras para el poblado. Ahora cada poblador tiene una cabra. No solo van a sobrevivir; van a prosperar.

¡Gracias, Mama Lily!

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